Por: Gregory Ramdial
Abran sus biblias y vayan al
Evangelio de Juan, capítulo 2 por favor. En esta enseñanza, me gustaría
mostrarles que para poder recibir las promesas de Dios, primero hay que recibir
Juan 2:1-4
Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná
de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. 2 Y fueron también
invitados a las bodas Jesús y sus discípulos.
3 Y
faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino.
4 Jesús
le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora.
Juan 2:5
Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere.
Si queremos ver
Juan 2:6-7
Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la
purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres
cántaros.
7 Jesús
les dijo: Llenad estas tinajas de agua (Esta es
Juan 2:8
Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala (Esta fue
Los sirvientes
escucharon
Juan 2:9-10
Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde
era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al
esposo,
10 y le
dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho,
entonces el inferior; más tú has reservado el buen vino hasta ahora.
Ellos no obtuvieron vino
solamente, sino que obtuvieron el mejor. Ellos escucharon
En el segundo libro de Reyes
hay dos registros que me gustaría que leyésemos. Ambos muestran el mismo
principio, pero de diferentes aspectos de la vida. Ambos muestran una gran
liberación.
2 Reyes 4:1
Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo,
diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso
de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos.
Aquí tenemos a una
mujer, cuyo esposo (un hombre creyente, que Eliseo conocía) había muerto, dejando
endeudada a la familia, sin medios para saldar la deuda. Tal fue así, que su
acreedor para tomar a sus hijos como sirvientes. Su intención era convertirlos
en esclavos. Así que ella buscó a Eliseo, el hombre de Dios, para que la
ayudase.
2 Reyes 4:2
Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella
dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite.
Ella acudió a Eliseo porque
creía que él podía obtener su liberación y la de sus hijos.
2 Reyes 4:3-4
Él le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos,
vasijas vacías, no pocas.
4 Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas,
y cuando una esté llena, ponla aparte.
Esa fue
2 Reyes 4:5-6
Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y
ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite.
6 Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún
otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite. (La
vasija de aceite estaba aún llena).
Ella hizo
exactamente como le dijo el hombre de Dios, y terminó con un gran número
de vasijas llenas de aceite.
2 Reyes 4:7
Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el cual dijo: Ve y vende
el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede.
Hay que notar que la mujer,
después de haber hecho lo que se le indicó, volvió por más instrucciones. El
hombre de Dios, Eliseo, la había llevado hasta este punto en su liberación,
ella misma le permitió que le entregara
El siguiente registro se
encuentra en el capítulo 5 del segundo libro de Reyes. Se trata del registro de
sanación de Naamán el Sirio.
2 Reyes 5:1
Naamán, general del ejército del rey de Siria,
era varón grande delante de su señor, y lo tenía en alta estima, porque por
medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este hombre valeroso en
extremo, pero leproso.
Naamán tenía todo lo que
el hombre normal desearía tener. Él era la cabeza de la milicia de su país, más
que rico, tenía una relación extraordinaria con el rey, además de ser un hombre
valeroso en extremo. Naamán era próspero, pero le
faltaba salud. El Dios Todopoderoso quiere que nosotros tengamos ambos,
prosperidad y salud (3 Juan 2). La
prosperidad no significa mucho si no tienes salud para disfrutarla. Naamán definitivamente deseaba su liberación de la lepra.
2 Reyes 5:2-4
Y de Siria habían salido bandas armadas, y habían llevado cautiva de la
tierra de Israel a una muchacha, la cual servía a la mujer de Naamán.
3 Esta dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que está en
Samaria, él lo sanaría de su lepra.
4 Entrando Naamán a su señor, le relató
diciendo: Así y así ha dicho una muchacha que es de la tierra de Israel.
Aquí podemos ver todavía algo
más sobre el carácter de Naamán, aún sus sirvientes
querían verlo recuperado de su lepra. La sirvienta de Israel hizo una
sugerencia a su señora, y un sirviente varón que escuchó sobre ello fue y le
contó todo a su amo, Naamán.
2 Reyes 5:5-6
Y le dijo el rey de Siria: Anda, ve, y yo enviaré cartas al rey de
Israel. Salió, pues, él, llevando consigo diez talentos de plata, y seis mil
piezas de oro, y diez mudas de vestidos.
6 Tomó también cartas para el rey de Israel, que decían así: Cuando
lleguen a ti estas cartas, sabe por ellas que yo envío a ti mi siervo Naamán, para que lo sanes de su lepra.
El rey de Siria
pensó que dichas cartas y que todos los regalos que enviaba le asegurarían a Naamán su recuperación. Él mismo también quería ver a Naamán recibir la liberación que tanto deseaba.
2 Reyes 5:7
Luego que el rey de Israel leyó las cartas, rasgó sus vestidos, y dijo:
¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que éste envíe a mí a que sane un hombre
de su lepra? Considerad ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí.
El rey de Israel
estaba angustiado con la petición que recibió. El pensó que el rey de Siria
andaba buscando una razón para atacarlo. El rey de Siria, a su vez, pensó que
ir directamente al rey de Israel era la mejor manera de garantizar la
recuperación de Naamán. La noticia de los eventos
llegó a oídos de Eliseo, y le envió un mensaje al rey para que le enviara a Naamán.
2 Reyes 5:8-10
Cuando Eliseo el varón de Dios oyó que el rey de Israel había rasgado
sus vestidos, envió a decir al rey: ¿Por qué has rasgado tus vestidos? Venga
ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel.
9 Y vino Naamán con sus caballos y con su
carro, y se paró a las puertas de la casa de Eliseo.
10 Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate siete
veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio.
El versículo 10 le
da a Naamán
2 Reyes 5:11-12
Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo
decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová
su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra.
12 Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son
mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también
limpio? Y se volvió, y se fue enojado.
Naamán
empieza a concebir su propia idea de cómo debía ser liberado. El estaba
esperando el poder manifestado de manera gloriosa. Cuando lo que esperaba no
pasó, a tal grado que el profeta ni siquiera salió a verlo, sino que envió a un
mensajero con
¿Acaso no hacemos
lo mismo nosotros en algunas ocasiones? Acudimos a nuestro Padre Celestial
esperando recibir sus promesas, y pensando al mismo tiempo cómo es que Dios lo
hará. Cuando todo lo que tenemos que hacer es llevar a cabo lo que nos diga.
2 Reyes 5:13
Mas sus criados se le acercaron y le hablaron diciendo: Padre mío, si el
profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote:
Lávate, y serás limpio?
Vemos en este
versículo a este gran hombre, honorable, poderoso y valeroso recibiendo un buen
consejo de sus sirvientes: “solo haz lo que el profeta dice.”
2 Reyes 5:14
El entonces descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme
a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño,
y quedó limpio.
El hizo lo que
2 Reyes 5:15
Y volvió al varón de Dios, él y toda su compañía, y se puso delante de
él, y dijo: He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en
Israel. Te ruego que recibas algún presente de tu siervo.
Naamán regresó para
agradecer y orar al único y verdadero Dios. El decidió que si un Dios que no
era su dios lo sanaba, entonces él serviría a ese Dios. La liberación de Dios
está disponible para cualquiera que esté dispuesto a hacer lo que Su Palabra
diga.
En conclusión, quisiera
agregar que, cualquiera que sea la situación que estés pasando en tu vida, el
DIOS TODOPODEROSO todavía es el gran liberador. Su habilidad para sanar no se
ha debilitado. El es capaz de liberarnos en cualquier área de nuestra vida. En
Génesis 18:14, la pregunta surge, “¿Hay para Dios alguna cosa difícil?” El hizo
la promesa una vez en su Palabra y ahora la respuesta es aun NO. No hay nada
difícil para Dios.
Si necesitas ayuda, PIDELA.
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Dios les Bendiga,
Gregory Ramdial
Supervisor de País
Trinidad y Tobago
Traducido
inglés-español por Javier Morán