Por: Reverendo Jai Murphy-Hennessey
Hechos 2
Mientras cumplen con el ministerio de la reconciliación,
la gente de Dios a menudo se encuentran a sí mismos confrontando errores que
han opacado la vida de las personas. La reprobación y la corrección pueden ser
duras de aceptar, aún para la gente madura en
Hechos
2:22-23
Varones
israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón
aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas prodigios y señales que
Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis;
¿Estaba Pedro juzgándolos? Como sea, él les dijo que
habían crucificado y matado a Jesucristo por “manos de inicuos”. Esas son
palabras bastante severas. Veamos ahora a otro hombre de Dios en acción, el
apóstol Pablo.
1
Corintios 5:1-3
De
cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun
se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre.
2 Y
vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que
fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción?
3
Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como
presente he juzgado al que tal cosa ha hecho.
¿Juzgó Pablo a esta persona? Pablo dijo que él juzgo
concerniente a tal individuo y que esa persona debería ser removido del redil.
La respuesta a ambas preguntas está en el Evangelio de Juan adonde Jesucristo
está en medio de una enorme confrontación con algunos fariseos. Este es
Jesucristo hablando.
Juan
8:28b
… y
que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo.
Recuerden este versículo, porque esta es toda la clave
en el tema del juzgar. Jesucristo nunca hablo a su propio antojo o expresó sus
propias opiniones. El únicamente habló lo que Dios le instruyó a hablar. A la
luz de esta clave examinemos algunas otras declaraciones que Jesucristo hizo a
los fariseos.
Juan
8:24
Por
eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque sino creéis que yo soy, en
vuestros pecados moriréis.
¿Los juzgó Jesucristo? ¡No! El únicamente les dijo lo
que Dios le dijo que les dijera. Dios después
le reveló a Pablo esta parte de Su Palabra en la carta a los Romanos.
Romanos
10:9-13
Que
si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que
Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
10
Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para
salvación.
11
Pues
12
Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de
todos, es rico para con todos lo que le invocan;
13
porque todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo.
Romanos
6:23
Porque
la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo
Jesús Señor nuestro.
Jesucristo solo hablaba la palabra a medida que Dios
se la enseñaba.
Juan
8:37
Sé
que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no
halla cabida en vosotros.
¿Acaso Jesucristo podía leer las mentes o estaba él
juzgando al azar? Ninguna de las dos, él únicamente les estaba diciendo a los
fariseos lo que Dios le había instruido que dijese. Dios sí sabe lo que hay en
las mentes y en los corazones de los hombres. Jesucristo ahora sabe porque Dios
se lo reveló. Al final, eventos probaron
esta declaración como verdadera.
Juan
8:44
Vosotros
sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer.
El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad,
porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es
mentiroso, y padre de mentira.
La única forma en que Jesucristo pudo haber obtenido
esta información es de Dios.
Daniel
2:22
El
revela lo profundo y lo escondido; conoce lo que está en tinieblas, y con él
mora la luz.
¿Recuerdan el versículo que dijimos que era la clave?
Juan 8:28b? Jesucristo no estaba juzgando a los fariseos; él les estaba dando
el mensaje que Dios quería les entregase. Los siguientes dos versículos
explican el principio de cuándo una persona está juzgando y cuándo no.
Juan
8:15-16
Vosotros
juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie.
16
Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que
me envió, el Padre.
A primera vista, estos versículos parecen
contradecirse. El versículo 15 dice que Jesucristo no juzga a ningún hombre. El
versículo 16 comienza con “y si…” La palabra “si” indica una oración
condicional, no necesariamente significa que pasa realmente. Jesucristo está
diciendo que “si” el juzgara entonces su juicio sería verdadero. ¿Por qué?
Porque Dios está con él. ¿Haciendo qué?
La respuesta en Juan 8:28b: mostrando a Jesucristo qué
decir. Siempre y cuando Jesucristo se
apegue al mensaje que Dios le dé, cualquier cosa que él diga será verdad y él
asimismo no estará juzgando a nadie. Lo mismo sucede con nosotros que estamos
para seguir los pasos de Jesucristo.
1
Corintios 11:1
Sed
imitadores de mí, así como yo de Cristo.
El verbo enfático en esta oración es “imitar”. Debemos
imitar a Pablo, quien imitó a Cristo. Y Jesucristo obtuvo esta información de
Dios.
Hasta que él fue bautizado y Dios le dio espíritu
santo sobre él, Jesucristo dependía del estudio de las Escrituras para la
revelación de Dios. Después de haber recibido espíritu santo, él obtenía
revelación directamente de Dios a través del don de espíritu santo.
Jesucristo fue perfecto y se comportó perfectamente.
Nosotros no somos perfectos. Nosotros tenemos desperfectos genéticos y no
tenemos cosa buena en nuestra carne, así que dependemos totalmente del don de
espíritu santo. Debido a que nadie de nosotros puede manifestar espíritu santo
perfectamente, es sabio acudir a las escrituras para nuestra información. Una
vez nuestras mentes adquieran el hábito del seguir el sendero de
En el caso de Pedro, él acababa de recibir el don de
espíritu santo. El inició su discurso encomiando las Escrituras, primero acerca
de espíritu santo y después acerca de Jesucristo. Fue entonces, después de
sacar de la escritura que conocía y de sus propias observaciones de la muerte
de Jesucristo, que Dios pudo inspirarlo a decir lo que dijo y cómo lo dijo. El
resultado fue que cerca de 3,000 almas fueron salvas ese mismo día. Si él
hubiera hablado de su propia mente, hubiera tenido como resultado un desastre y
Pedro y los demás hubieran sido linchados.
En el caso de la epístola de Pablo a los corintios
(5:1-3) Pablo estaba respondiendo a los numerosos reportes de diferentes
fuentes…“se oye que hay entre vosotros…” Aunque Pablo no estaba allí, Dios le
había revelado el problema a pablo a través de los reportes, después por la palabra dada por Dios a través del don de
espíritu santo… “pero presente en espíritu”. Pablo no estaba juzgando a esa
persona; Pablo juzgó la situación concerniente a este individuo.
1
Corintios 6:1-5
¿Osa
alguno de vosotros, cuando tiene algo contra otro, ir a juicio delante de los
injustos, y no delante de los santos?
2
¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser
juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas?
3 ¿O
no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta
vida?
4
Si, pues, tenéis juicios sobre cosas de esta vida, ¿ponéis para juzgar a los
que son de menor estima en la iglesia?
5
Para avergonzaros lo digo. ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno,
que pueda jugar entre sus hermanos?
Estos versículos instruyen a la gente de Dios a juzgar
los asuntos entre ellos en lugar de llevar los problemas ante los incrédulos
para que ellos decidan.
Hechos
15:6
Y
se reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto.
Este versículo nos muestra cómo debemos abordar estas
situaciones. La situación fue discutida y resuelta y nada fue dicho contra la
gente causal del problema. Ningún hombre fue juzgado. La situación fue resuelta
con la guía de Dios y Su Palabra y la gente fue bendecida. En esta carta a los
Corintios Pablo sacó su conocimiento sobre el incesto y la fornicación de la
ley y obtuvo de la revelación de Dios lo que hacer al respecto. Dios ya había
inspirado a Pablo a escribir cómo manejar estas situaciones en la carta a los
Tesalonicenses.
2
Tesalonicenses 3:6
Pero
os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os
apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que
recibisteis de nosotros.
Así que Pablo juzgo la situación por medio del
estándar de
De ninguna forma, y en ningún momento estamos
autorizados nosotros a juzgar a la gente. No estamos calificados para el
trabajo porque solo Dios conoce los corazones de las personas, y el tiempo para
juzgar no ha llegado todavía. Cuando le hablamos a la
gente de situaciones que se hacen conocidas, debemos limitarnos a hablar
únicamente lo que nos es revelado de parte de Dios. Eso es lo que Jesucristo
hizo. En nuestros días, la mayor parte del conocimiento proviene de
Así como Jesucristo, estamos llamados a hablar lo que
Dios nos dicta, nada más. Si nosotros nos formamos y expresamos nuestras
propias opiniones basadas en nuestros sentimientos e información errónea,
entonces estaremos juzgando. Dios nos quiere como mensajeros no como jueces.
Reverendo Jai Murphy-Hennessey.
Pastor-Presidente
Traducido inglés-español por Javier Morán