Por: Reverendo Charlie Quillen
Salmos
34:3
Engrandece
a Jehová conmigo y exaltemos a una su nombre.
Este es uno de los versículos
favoritos de mi esposa Debra, y el mío también.
Nosotros lo tenemos en nuestro cuarto para que nos recuerde cada día de que
estamos viviendo juntos esta aventura y lo mismo sucede para cada uno de los
miembros de esta gran y maravillosa familia de la que formamos parte. Dios le
presta poca atención a las diferencias culturales. El estímulo vital real está
en hacerlo juntos.
Juntos engrandecemos a Dios
primeramente en nuestro propio corazón al darle Honor, orando y aprendiendo Su
Palabra. Segundamente, nosotros magnificamos a Dios al hablar orgullosamente de
nuestro Padre quien da poder y paz a los hombres. “Yo conozco a nuestro Padre y
tú puedes conocerlo también”
Ezequiel
38:23
Y
seré engrandecido y santificado, y seré conocido ante los ojos de muchas
naciones; y sabrán que yo soy Jehová.
Dios se magnificará a Sí Mismo
dándose a conocer a través de Su Palabra y de Sus obras. Dios se encargará de
ello y nosotros debemos hacer lo mismo como sus Hijos amados. Se nos ha dado el
privilegio de hablar las palabras más poderosas del mundo, lo cual muestra el
conocimiento de nuestro Dios.
Isaías
42:21
Jehová
se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla.
Dios está complacido en Su
justo propósito. El sabe que
Salmos
138:2
Me
postraré hacia tu santo templo, y alabaré tu nombre por tu misericordia y tu
fidelidad; Porque has engrandecido tu nombre, y tu palabra sobre todas las
cosas.
Nuestro propio nombre es
definido por nuestras propias palabras y nuestras acciones. Lo que hacemos
forma la opinión que tiene la gente de nosotros ¿Cumplo mi palabra? ¿Son mis
acciones dignas de respeto? La reputación de Dios está en juego cada vez que
creemos o actuamos sobre Su Palabra. Así es cómo Dios engrandece Su Palabra
sobre Su Nombre. Dios siempre respaldará Su Palabra antes que cualquier cosa.
Nosotros podemos confiar perfectamente en Su Palabra, porque Dios lo hace
también. Es Su Nombre lo que está en la mira cada vez que reclamamos una
promesa y Dios mismo se pone en esa posición con mucho gusto.
En el Antiguo Testamento
tenemos
Juan
1:14-15
Y
aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria
como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.
15 Juan
dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene
después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.
Toda
Juan
14:9
Jesús
le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido
Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo pues, dices tú:
Muéstranos el Padre?
Cristo llegó a ser la “lupa”
de
Juan
1:17-18
Pues
la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por
medio de Jesucristo.
El propósito de Cristo era
declarar (engrandecer) a Dios. Como no podemos ver a Dios, Cristo se dio a
conocer a nosotros por medio de sus palabras y obras. Jesús nos mostró el amor
de Dios en todas sus formas.
Así como a Cristo se le dio el
espíritu santo cuando fue bautizado por Juan, nosotros también hemos sido
bautizados con espíritu santo y es por medio de ese espíritu que ahora podemos
conocer a Dios a través de nuestro Señor Jesucristo.
Efesios
3:14-21
Por
esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo,
15 de
quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra,
16
para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con
poder en el hombre interior por su Espíritu;
17
para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que,
arraigados y cimentados en amor,
18
seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la
anchura, la longitud, la profundidad y la altura,
19 y
de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis
llenos de toda la plenitud de Dios.
20 Y
a aquel que es poderosos para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de
lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros,
Dios desea tener una relación
profunda con nosotros y nos enriquecerá a cada uno de nosotros con el
conocimiento personal sobre El y Su gran amor para con nosotros. Nosotros
podremos entonces entregarlo a otros porque estaremos completamente llenos al
punto de rebalsar. Aquí es cuando nos convertimos en epístolas vivientes.
2
Corintios 3:2-3
Nuestras
cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por
todos los hombres;
3
siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no
con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en
tablas de carne del corazón.
Nosotros por nuestras propias
fuerzas no podemos hacer nada, pero no estamos limitados a ello ya que ahora,
nuestra fuerza, nuestro conocimiento, nuestra sabiduría y nuestra confianza nos
las ha otorgado Jesucristo a través del don del espíritu santo. Entonces, ahora
podemos engrandecer a Dios juntos cuando proclamamos Su Palabra. Nosotros nos
convertimos en
Es un gran privilegio
compartir esto con ustedes y yo sé que Dios se manifestará en nuestras vidas en
la manera en que creamos. Parémonos todos juntos y engrandezcamos a Dios como
la familia a la que nos ha llamado.
Dios los
bendiga. Los amo.
Charlie Quillen.
Pastor-Presidente Ministerio Christian Family Fellowship Illinois
Rockford, Illinois.
Traducido
inglés-español por Javier Morán