Por JOYELL
NEVINS
El mes pasado (Abril) tuve la oportunidad de ir a Valencia,
Venezuela para el Campamento Familiar Internacional “Roca de las Edades” 2006
del Ministerio del
Desde el mismo avión Dios
estuvo en acción por todas partes y
viendo de verdad cuán GRANDE es Él.
¡Mi amigo Nathan
y yo entramos en conversación con el mayordomo del avión, Roberto
quien terminó viniendo a visitarnos en el campamento y quedándose entonces
por el resto de la semana! Esto funcionó
grandemente porque significó un
traductor extra para nosotros los diez norteamericanos.
Y Dios
sabe que los traductores necesitaron toda la ayuda que ellos podrían conseguir,
porque todos querían hablar con nosotros. Fuimos amados y bienvenidos. Sobre
todo con mi pelo rubio y ojos azules, yo
me sentía como una muñeca de bebé: todos querían jugar conmigo, tocar mi
pelo y presentarme a su familia. . .
Y me daban abrazos. Yo nunca me he
sentido tan amada en mi vida. Pensé que iba a estropearme, por estar
constantemente diciéndome que soy bonita, que alguien me ama y que Dios me
bendice.
Cuando
salí del avión, fui abrazada
inmediatamente por diez personas diferentes, uno de las cuales yo conocía. Y no
estoy hablando de los casuales abrazos del palmadita en la espalda. Estoy
hablando de la compresión de tu pulmón y tu respirar, de que tú sabes que estás
siendo abrazado. Porque así es cómo ellos hacen las cosas en Venezuela: todo es
cien por ciento. Cuando te abrazan, literalmente toman tu respiración.
Cuando trabajan, trabajan hasta lo máximo (y todos nos
involucramos: yo estuve haciendo “Patrulla de Bendición”, que es la
seguridad a las 4 de la mañana). Cuando
cantan y rinden su culto, lo hacen a todo pulmón. Y cuando bailan, usted estará
bebiendo un poco de agua porque sudará
(pienso que moví partes de mi cuerpo que ni siquiera sabía que podría mover).
Y es lo mismo con la creencia. Sus corazones para Dios son
muy sencillos y muy grandes.
Una de mis historias favoritas de esa semana es el milagro
ocurrido a Robert Lightfoot. Robert fue mi
patrocinador para el viaje (él cubrió todo, desde mi inscripción hasta mi boleto del avión). Yo
me mantuve orando a Dios: “Dios, no hay ninguna manera que yo pueda pagar a Robert lo que hizo, así que Usted Dios simplemente va
tener que bendecirlo grandemente…”
Bien, en la tarde del
jueves Robert se cayó por unas escaleras y se fracturó su muñeca (
el piso estaba húmero debido a una llovizna). Inmediatamente él
pidió que trajeran a los ministros.
Ellos oraron por él y lo llevaron al hospital.
Esa noche Robert caminó y
entró a la reunión principal, exhibiendo
dos radiografías de su muñeca. La primera muestra un hueso que sale de la
piel y fractura y daña el antebrazo desde el principio. Él dijo cómo y
cuando supo que Dios iba a liberarlo.
Cuando el doctor dijo que tenían que hacer cirugía (para la cual ellos no
podrían usar el seguro de Robert ni él tenía tanto
dinero en efectivo), simplemente dijo
"oremos una vez más".
Leilian Cabrera, Myrna Mendoza (quien es médico) y otros oraron y ministraron el brazo de Robert. Él le pidió
al doctor que tomara otra radiografía. En la segunda radiografía (estamos hablando treinta minutos después),
su muñeca estaba tan linda y saludable como la mía. NINGÚN daño,
NINGÚN hueso roto, NINGÚN problema. La única razón que ellos expusieron
ante la sanidad, fue simplemente que los doctores no podían creer que algo
estaba equivocado. Leilian dijo que ella estaba
sosteniendo el brazo de Robert al orar y sentía que
el hueso realmente volvía a su lugar. Yo diría que ésa fue una bendición
bastante grande.
Y el punto es que esto no tiene que ser una experiencia única en la vida. Ésta era
ciertamente la curación o liberación más grande de la semana, pero no era la
única. Una vez las personas comprenden el poder de Dios, ellos pueden operarlo
y Dios quiere que usen ese poder, no hay nada deteniéndolos. Desde que regresé
a los Estados Unidos, he visto una nariz rota sanada instantáneamente, un automóvil desviado
violentamente fuera del camino y de algún modo extraño el buzón de correos,
la pared de la piedra y la línea de
árboles alrededor de él, no son tocados ni dañados…
Yo estoy tan agradecida por la oportunidad de haber ido a
Venezuela. Dormí poco, comí comida rara, agarré un acento, me quemé en el sol y
tuve uno de los mejores momentos de mi vida.
Agradezco a Ministerio de