LA CREACIÓN DE ESPERANZA ACTIVA


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Esperanza: Percepción subjetiva que anticipa la ocurrencia de un evento futuro considerado como deseable, bueno e invitador.

Esperanza activa: Percepción subjetiva de que se puede influir en la ocurrencia de un evento futuro deseable, posible y bueno, realizando acciones proactivas sostenidas para crear la ocurrencia del evento deseado.

Ciertos dirigentes políticos tienden a creer que los votantes responden predominantemente a la razón. Las investigaciones en comportamiento humano vinculadas con decisiones políticas evidencian todo lo contrario (Nancy Morales de Romero, Construyendo la Esperanza, Ediciones ROGYA, Mérida, 1990): Son las emociones las que marcan la pauta del comportamiento electoral de las mayorías. Y este es el toque mítico y mágico que vincula la creación de esperanza activa como agente de cambio con la decisión muy personal e intima de votar por un candidato y no por otro.

Esta predisposición interior del elector –la esperanza activa- es la variable clave para apalancar la movilización política en todo el mundo porque la necesidad del ser humano de proyectarse en el futuro es inherente a su estructura de funcionamiento.

De allí que sea tan importante la promoción, estimulación, documentación y refuerzo de las posibilidades que están abiertas para una opción política determinada en un momento específico. La visión positiva y alentadora de que sí es posible lograr tal o cual meta haciendo ésta o aquella otra cosa, es vital para construir esperanza activa.

Persistir en que nada es permanente por muy indeseable o rechazada que sea la realidad, evidenciando cómo otros países lo pudieron hacer, activa la esperanza. Utilizar los espacios disponibles para construir esperanza engancha la percepción subjetiva porque la emoción de lo posible en medio de la adversidad está presente en todo ser humano.

Modelar acuerdos por consenso, comunicarlos con claridad y rapidez, y sostenerlos todo el tiempo de forma congruente multiplica la esperanza. Lo extremadamente importante es que el hecho de crear esperanza anticipa la ocurrencia positiva del evento futuro y ello fundamenta la movilización política de las personas.

La creación de desesperanza genera todo lo contrario. Si el liderazgo político con sus decisiones y acciones agiliza y profundiza la desesperanza, lo que recoge es desmovilización y frustración porque sólo los desesperanzados no votan.

Esta es la experiencia mundial. Todo el que promueve la abstención electoral no tiene esperanza, está convencido que no es posible la ocurrencia del hecho deseado. Los desesperanzados no votan, los desesperanzados constituyen el vasto mundo de la abstención porque una persona sin esperanza es un pesimista y un derrotado sin presente. Por eso, los abstencionistas no votan.

 

POR: ALFREDO C. ÁNGEL

DIRECTOR GERENTE DE ACA CONSULTORES, C.A.